Catorce de febrero, día de los enamorados, día de San Valentín... Siempre me han dicho que los amores de verdad, los que duran, son los que nunca se olvidan, y yo a ti aún no te he olvidado, y por suerte y si mi memoria no me falla en esta larga vida no te olvidaré nunca.
No quiero rellenar esta carta diciéndote lo mucho que se te quiere, Luisa, sólo quiero contarte quién soy ahora, qué hago, cómo estoy... Realmente puedo decir que soy feliz de cómo soy, hasta donde he llegado y de la gente que tengo a mi lado, que por cierto: ¡bendita gente! Pero claro está, no todo es un camino de rosas, también estamos pasando por momentos duros y difíciles como el cáncer de Manoli, que yo sé que ella saldrá de esta porque no se merece sufrir este calvario con lo buena mujer que siempre ha sido y es.
Me gustaría decirte que no te sientas olvidada, porque no es así. Muchas veces Pablo y yo hablamos de ti, de cuando me robaron la bicicleta y el primer sitio a donde fuimos fue a ese número veintidos de la calle Calvario, a esa casa, tu casa, la cual sigue igual, aunque con una televisión y calentador nuevos, ya que gracias a lo que pariste se vuelca día sí y día también con el hombre de tu vida, y ¡vaya con lo que pariste! Tiene tu mismo genio; es un gran hombre sin duda. Puedes sentirte orgulloso de él al igual que lo hago yo todos los días.
Quiero asegurarte que estaremos todos bien aquí, con nuestros más y nuestros menos esperando qué nos tiene deparado el destino para nosotros.
Un abrazo enorme.
Tu nieto, el pequeño.

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